
Tiempos donde hay que reservar
Los aromas de las flores
Y la esencia del alimento del espíritu
Donde la sequía del trigo y la caída de la espiga
Hacen de los tiempos prósperos un desierto
Momento oscuro de sosiego y lágrimas de las voces del arenal
Donde el calor del fuego emerge a la superficie de la tierra
En lo imprevisible de los vientos huracanados que emergen de las profundidades
De las torrenciales corrientes de las nubes que bajan del cielo
Tiempos para despertar de la bruma del alma bajo la mirada de Dios y dentro de los brazos del mar que se extienden en bravas caricias al tocar los sere de Gaia.
Por Xiomara Altagracia García


















